A lo largo de nuestras vidas miramos una gran variedad de películas de distinto genero, argumentos y calidades; películas malas pero tiernas como las del inefable Tinto Brass; películas correctas de gran factura como las del prolífico James Cameron y también basura de la industria hechas para satisfacer el consumismo adolescente de moda como la saga vampiresca-licantropa-mutante-gay de "Crepúsculo". Y luego están las otras, aquellas que vimos en nuestros primeros años y dado su ingenio y gran calidad artística las recordamos para siempre y siempre volvemos a verlas, ya sea por nostalgia o por que simplemente el tiempo no las agota sino mas bien les atribuye un carácter mítico hasta ser clasificadas bajo el rotulo de "Películas de Culto".
LABERINTO (1986) de Jim Henson es una de estas películas. Filmada en con personajes y escenarios que demandaron un minucioso y arduo trabajo de titiriteros, decoradores, animadores, maquilladores, etc. quienes en su cualidad de grandes artesanos le dieron al film esa atmósfera de pesadilla crepuscular muy bien lograda y sin embargo no solo esto es lo mejor de la película, lo es también la gran actuación de David Bowie, quien interpreta a Jareth el rey de los Gnomos el cual es un monarca intrigante, a veces juguetón y también cruel todo esto sin dejar de ser una megaestrella de Rock, pues David Bowie también compuso e interpreto la mayor parte de la banda sonora; lo cual fue indispensable para darle ese ambiente de cuento de hadas post-punk, propio de aquella época. Laberinto es sin duda una de las ultimas películas fantásticas de la vieja escuela del cine, que a diferencia de las actuales producciones enteramente digitales posee la cualidad de una enorme artesanía audiovisual de tonos melancólicos e irrepetibles, de viajes hacia la madurez, de hechizos rotos y recuerdos perdidos para siempre; Laberinto es mas que una gran película, es como se dijo lineas arriba una Película de Culto


